domingo, 4 de septiembre de 2011

Y aquí estoy yo, otra noche más, el mismo solitario y aburrido lugar.

Simulando sonrisas y forzando risas entre paredes hechas de poca sinceridad en las que los ladrillos se mueven y al entrar en contacto con otros cambian su forma de ser, su composición.

Los intercambios de miradas y la soledad, la sensación de que te falta algo y a la vez no te falta nada. Sabes que tienes todo lo que necesitas ahora mismo pero a la vez miras a tu alrededor y hay personas que tienen cosas distintas a ti, no mejores, sino distintas.

No son celos, es una forma distinta de querer compartir algo similar. Aunque ,en ciertos momentos, en los que el brillo de la luna apenas llegue para, iluminar tu silueta al andar por la calle, pienses que hay algo en ti que no encaja.


No es el lugar, porque estás enamorado de cualquier pequeña cosa que te rodea, naciste aquí y este ambiente forma parte de ti al igual que tu pelo o el color de tus ojos. Es mas bien sentir que eres diferente a los demás, y no, no es ni por asomo algo malo, que debas esconder o de lo que debas tener miedo, definitivamente nací así.

No sé, hay algo en mi , en mi forma de ser, de pensar, de caminar... Hay pocas personas en el mundo con las que me sienta lo suficientemente identificado y cómodo para poderlas considerarlas amigos. No sé, en realidad eso por lo que he leído por ahí es normal.

Es cruel la soledad que puedes llegar a sentir estar rodeado de gente que dice quererte. No sé, tal vez sólo sea el efecto que tiene la noche sobre mi, la atracción magnética de la luna o el poder de la hipnosis de las estrellas. Sin embargo, si que creo que los amigos vienen y van, pocos permanecen a pesar de los cambios, realmente pocos.

Así que supongo que es mi deber continuar mi camino y seguir buscando a gente que me acompañe a través de él. No porque no pueda sólo, sino porque las visiones hermosas es mejor compartirlas con amigos.